Síndrome de infección fetal - 01/01/04
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Resumen |
Desde hace unos años, las técnicas de biología molecular, que permiten realizar diagnósticos rápidos y fiables mediante la reacción en cadena de la polimerasa en el líquido amniótico, facilitan de forma considerable el diagnóstico prenatal de las infecciones fetales. La toxoplasmosis es la infección parasitaria congénita más grave de muchos países industrializados. En todos los casos de seroconversión materna (tanto cierta como muy probable) que sucedan durante el embarazo, deberá efectuarse un estudio clínico y de laboratorio del recién nacido en el período neonatal. En las zonas de endemia palúdica, se recomienda administrar una quimioprofilaxis con cloroquina y proguanil a las mujeres gestantes, con objeto de prevenir al máximo el riesgo de aparición de las consecuencias clínicas del paludismo congénito. La infección por citomegalovirus (CMV) es la más frecuente de las infecciones maternofetales y constituye la causa principal de las minusvalías neurosensoriales adquiridas durante la vida intrauterina. La primoinfección por el CMV de la mujer embarazada constituye la situación de mayor riesgo para el feto. El contagio fetal se produce sobre todo por vía hematógena transplacentaria y provoca la multiplicación del virus en el feto. El parvovirus B19 (PB19) es el responsable clásico del megaleritema epidémico o quinta enfermedad. Las embriofetopatías secundarias a la infección por parvovirus empiezan a conocerse mejor, ya que se han precisado las tasas de transmisión maternofetal y el riesgo de complicaciones. La rubéola, infección benigna en los niños pequeños, fue la primera causa infecciosa reconocida como responsable de una embriofetopatía. MacAlister Gregg, un oftalmólogo australiano, fue el primero que, en 1941, planteó la posible relación entre el desarrollo de rubéola durante el embarazo y la catarata congénita. La serología de la rubéola es una determinación obligada al comienzo de la gestación, a fin de conocer el estado serológico inicial de todas las mujeres embarazadas. Hay que pensar en la posibilidad de esta embriofetopatía frente a cualquier retraso del crecimiento intrauterino asociado a malformaciones cardíacas fetales. El desarrollo de una varicela clínica durante el embarazo es una eventualidad rara. Las complicaciones maternas son fundamentalmente pulmonares (alrededor del 10% de los casos), con posible riesgo para la vida. Antes de las 24 semanas de edad gestacional (EG), la transmisión al feto (aproximadamente el 6%) puede causar un síndrome de varicela congénita en el 2% de los casos. La varicela perinatal por contagio periparto representa casi el 25% de los casos de varicela neonatal, potencialmente graves y a veces letales; el riesgo existe sobre todo en las erupciones maternas que suceden entre 5 días antes y 2 días después del parto. Las infecciones bacterianas siguen siendo el principal motivo de preocupación para obstetras y pediatras, pues son una causa frecuente de morbilidad y mortalidad perinatales (tercera causa de muerte). El microorganismo que figura a la cabeza en todos los estudios hechos sobre infecciones bacterianas maternofetales es el estreptococo B. La mortalidad ha disminuido claramente (30-90% en los años 80; 5-1 % en la actualidad) gracias a los métodos de cribado que se practican durante el embarazo (cultivos vaginales entre las semanas 35 y 37 de EG, con búsqueda de los estreptococos B y profilaxis antibiótica durante el parto en las mujeres colonizadas).
"Palabras clave" : Toxoplasmosis, Fetopatía infecciosa, Citomegalovirus, Parvovirus, Varicela, Rubéola, Paludismo, Infecciones por micoplasmas, Infecciones por Chlamydia
Esquema
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